Close

Custodia compartida, vivienda y una Gioconda entretenida

Autor: M. Dolores Azaustre Garrido.

Publicado en la Revista Abogados de Familia n.º 65, Julio de 2012.

El salón resplandecía con aquella lámpara modelo lágrimas de cristal Swarovski. Las fotografías familiares –incluida la de la pareja feliz con sonrisa profidén y melena al viento- salpicaban todas las estancias del hogar familiar. En sólo cuestión de meses, el escenario había cambiado radicalmente: una triste bombilla alumbraba el salón, las lágrimas habían caído a mares y no eran de cristal. Apenas quedaba ningún adorno. Sólo en el recibidor alguien había colgado un póster- retrato – adquirido al módico precio de 1 €- de La Gioconda, la que tiene la peculiaridad de seguir con los ojos a todo el que la mira desde cualquier posición en que se observe.

Los que algún día compartieron amor y crearon ese hogar, ya no se amaban, pero un Juez los obligaba ahora a seguir compartiendo la vivienda, por el bien de sus hijos.

Todos conocemos Sentencias que han obligado al uso alternativo de la vivienda en supuestos de custodia compartida. Cuando la Ley 15/2.005, de 8 de julio, introdujo la posibilidad de custodia compartida, no se pronunció sobre qué hacer en esos casos con la vivienda familiar. No modificó el artículo 96 Cc, por lo que, en defecto de acuerdo, el Juez debe atribuirla a los hijos y al cónyuge en cuya compañía queden. ¿Y si los dos son custodios?. El Juez debe decidir de manera motivada según lo que resulte más adecuado y conveniente a la situación familiar. Para suplir el vacío legal y permitir al Juez esquivar el carácter imperativo del artículo 96 Cc, hay algunos autores que defienden que, al no atribuirse la custodia exclusiva a ninguno de los progenitores, no puede aplicarse de manera automática el artículo 96.1º Cc, sino que sería de aplicación lo establecido en el artículo 96.3º Cc, por lo que, podrá acordarse el uso de la vivienda a favor de un progenitor de forma temporal, siempre que las circunstancias lo hicieran aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección. Otros entienden que es de aplicación analógica el artículo 96.2º Cc, que establece que, será el Juez el que resolverá lo procedente para el supuesto de que unos hijos queden en compañía de un progenitor y otros en la compañía del otro.

En ninguna de las legislaciones autonómicas que regulan la custodia compartida, se ha optado por el uso alternativo o rotativo de la vivienda, al menos de manera explícita[1].

Lo que está claro es que el Juez tiene que decidir en beneficio de los menores, y hay Sentencias que, en supuestos de custodia compartida, continúan aplicando el automatismo del artículo 96 Cc: que los hijos permanezcan en la vivienda, siendo los padres los que se trasladen a ella, en función de su periodo de custodia. La finalidad no es otra que cubrir la necesidad de alojamiento de los menores y preservarles su estabilidad. Los detractores de esta medida argumentan que es antieconómica, al obligar a los progenitores a mantener tres viviendas (la que ocupan con los hijos, y la que cada progenitor necesita para el periodo en que no ejercen la custodia). Y que es una fuente permanente de conflictos: pago de suministros, mantenimiento de reparaciones de mobiliario, electrodomésticos, etc…

Pero hay otras cuestiones, importantes, que escapan de lo jurídico. Si reparamos detenidamente en ello, una Sentencia que establece el uso rotativo de la vivienda, está imponiendo a dos personas adultas que compartan, aún de manera alterna, algo tan esencial como es el lugar en el que tienen que vivir. Siempre habrá uno al que la decisión le complazca más que al otro, generalmente, al que, de no establecerse ese uso rotativo, tendría que haber salido de la vivienda, pagando la mitad de la hipoteca y una nueva vivienda de alquiler. Pero, ¿cómo puede influir una decisión así en la estabilidad emocional, tanto de los padres como de los hijos?. Se dice que el lugar donde las personas habitan o trabajan refleja de algún modo su personalidad. Incluso hay una rama que estudia la psicología ambiental, existiendo investigaciones que demuestran que el ambiente tiene un efecto significativo en la estabilidad emocional y nivel de estrés. Ninguno de los dos progenitores va a volver a sentir esa vivienda como su hogar. La ilusión por mejorarlo se desvanece ante la sensación de permanente provisionalidad. Los muebles, la decoración, los libros, dejan de tener el sello personal, porque sólo se está de paso, como cuando pernoctas en una fría habitación de hotel, siempre con la maleta detrás de la puerta.

La realidad supera la ficción. Lo de la bombilla, y la Mona Lisa no es invención, y aún hay otros pequeños detalles: al progenitor que terminaba su periodo de custodia, se le había antojado pintar el techo del dormitorio de matrimonio de un amarillo chillón que provocaba un dolor agudo en los ojos. Y, seguramente por despiste, había olvidado tirar la fruta podrida del frigorífico, provocando un hedor insoportable que sirvió de inhóspito recibimiento para el nuevo ocupante. Poniendo a prueba su estabilidad emocional, contuvo el improperio, pero sólo porque estaban sus hijos delante y además, se sentía observado por aquella mujer de mirada penetrante y misteriosa. Ciertamente, es anecdótico, pero de lo que no hay duda es de la enorme trascendencia que una Sentencia puede tener en la vida de las personas, en su equilibrio personal y que duda cabe, en el beneficio y felicidad de los menores.

Hace tiempo leí un artículo periodístico cuyo titular era: “La felicidad es contagiosa”. Al parecer, tenía base científica: investigadores de las Universidades de California y San Diego (EEUU) publicaron sus conclusiones en la revista British Medical Journal: “Lo más importante es el reconocimiento de que las personas son seres sociales y el bienestar y la salud de un individuo afecta a la de quienes le rodean”. Y yo me pregunto: si las Sentencias no relegaran a un ulterior o inexistente plano el bienestar de los progenitores –del que no se puede ni hablar-, ¿acaso no sería una clave para acercarnos al interés del menor?

[1] En Cataluña, el Juez debe atribuir el uso de la vivienda familiar al progenitor más necesitado y excepcionalmente, aún en el caso de que no establezca custodia compartida, lo puede atribuir al no custodio si es el más necesitado y el custodio tiene medios para cubrir la necesidad de alojamiento propia y de los hijos. Ha de tener carácter temporal, aunque susceptible de prórroga; y establece que el ajuar familiar permanecerá en el domicilio familiar salvo que se solicite en el plan de relaciones familiares la retirada de bienes privativos. 2) En Aragón, el Juez atribuirá el uso de la vivienda al progenitor que por razones objetivas tenga más dificultad de acceso a una vivienda, y en su defecto, se decidirá su destino en función del mejor interés para las relaciones familiares. Si se atribuye a uno solo de los progenitores, será con carácter temporal. Y si pertenece en copropiedad a los progenitores, el Juez acordará su venta si es necesaria para unas adecuadas relaciones familiares. El ajuar familiar permanecerá en el domicilio familiar salvo que se solicite en el plan de relaciones familiares la retirada de bienes privativos; 3) en Valencia, sólo dice que se atribuirá en función de lo que resulte más conveniente para los hijos y siempre que sea compatible con ello, al progenitor que tuviera objetivamente más dificultades de acceso a otra vivienda. Prevé que se fije una compensación para el progenitor al que la vivienda le pertenece con carácter privativo, o si es común de ambos, que se podrá computar como contribución a los gastos ordinarios. Salvo acuerdo en contrario, prevé la imposibilidad de que la vivienda familiar, privativa de un progenitor, sea adjudicada al otro si éste es titular de derechos sobre otra vivienda que le faculten para ocuparla. Igualmente fija el carácter temporal de la atribución del uso. Y la obligación de que el ajuar familiar –excluidos los efectos personales- permanezca en la vivienda familiar salvo que en el pacto de convivencia familiar o por resolución judicial se determine la retirada de bienes privativos que formen parte de él; 4) en Navarra, la ley no dice nada respecto a la vivienda familiar.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.