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Entrevista a M.ª Dolores Azaustre en el diario «El Mundo»

Dos sentencias en Madrid y Córdoba fallan que un padre separado no puede desentenderse del cuidado de sus vástagos aunque quiera

¿Puede un padre separado, divorciado o que ha dejado de convivir con su pareja hacer recaer en la madre el grueso del cuidado de un crío enfermo, discapacitado o con trastornos neurobiológicos? ¿Puede incluso, directamente, desentenderse de él con el beneplácito de la ley? Hasta ahora, así sucede en ocasiones.

Que se lo digan si no a Sofía, madre de un crío de ocho años llamado Martín que padece autismo y que tiene la manía de tirar por los suelos todo lo que encuentra al alcance de sus pequeñas manos. Hasta tal punto que, en la vivienda en el barrio de Usera en la que vive, todos los cajones y armarios están asegurados para evitar que el pequeño los abra y vacíe su contenido.

Cuidar de Martín requiere de una paciencia y de una energía infinitas, y Sofía lleva más de tres años haciéndolo en solitario. El padre del pequeño no ha pasado en todo ese tiempo una noche con su hijo, nunca ha estado de vacaciones con él en verano o en navidades. Y cuando, al borde de la extenuación, Sofía acudió hace un par de años a los tribunales pidiendo que se exigiera a su ex pareja más implicación en el cuidado del niño, lo que se llevó fue una sonora bofetada.

Con el argumento de que «no pueden imponerse al padre estancias no pedidas por él mismo», el Juzgado 24 de Primera Instancia de Madrid legitimó que el progenitor de Martín siguiera sin ocuparse debidamente su hijo, accedió a que le viera tan sólo dos fines de semana al mes, de 11.00 a 20.00 horas, sin dormir nunca con él.

Pero ahora, la Audiencia Provincial de Madrid acaba de revocar esa sentencia, contra la que Sofía había presentado un recurso. Recordando algo aparentemente tan obvio como que «después de una separación o divorcio las funciones de velar por los hijos, alimentarlos, educarlos, procurarles una formación integral, representarlos y administrar sus bienes siguen siendo compartidas entre ambos padres», ese tribunal simplemente ha sentenciado que el padre de Martín debe de cumplir con un régimen de visitas estándar. Es decir: el niño pasará con su padre un fin de semana sí y uno no, recogiendo al pequeño a la salida del colegio y devolviéndolo al domicilio de la madre el domingo a las 21 horas. Además, disfrutará de él la mitad del tiempo de sus vacaciones escolares.

«La noticia en realidad no es tanto esta sentencia que ahora ha dictado la Audiencia Provincial de Madrid, que determina unas visitas al uso, si no que el anterior juzgado de Primera Instancia hubiera acordado un régimen de visitas y estancias tan inexistente que el menor no pasaba ni una sola pernocta al año con el padre ni periodos vacacionales», señala Ana Belén Moratilla, la abogada de Sofía.

«UNA SOLUCIÓN EXCEPCIONAL»

La Audiencia Provincial de Córdoba acaba también de imponer por primera vez a un padre el régimen de custodia compartida sobre sus hijos menores de edad, a pesar de que él se oponía a ello. Y lo ha hecho con el argumento de que la madre no da abasto ella sola para cuidar de los pequeños, uno de los cuales padece una grave discapacidad.

«Dada la entidad del problema familiar, se exige extremar los deberes de ambos, sin que puedan hacerse recaer exclusivamente en la madre», dictamina el tribunal en su sentencia, dictada el pasado 23 de enero y en la que se subraya que se trata de «una solución excepcional» ante «una situación excepcional», según ha declarado a Europa Press María Dolores Azaustre, vicepresidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (Aeafa) y quien ha ejercido como abogada de la madre.

Según la organización, ésta es la primera vez que se obliga a un padre a la custodia compartida, a pesar de su oposición a la misma. Se trata en ese sentido de una sentencia «pionera» que rompe con la costumbre, según Azaustre, de que «la guarda y custodia se pida como un derecho» en lugar de contemplarse como un deber. Hasta ahora los tribunales entendían que si el progenitor se negaba a cuidar de sus hijos, difícilmente se le podía obligar a ello. Así le ocurrió a Sofía con su hijo Martín. Y así le ocurrió en Valencia a una madre que solicitó que se obligara a su ex a ocuparse más de su hijo enfermo, y que vio como también como su solicitud era rechazada.

«El fallo de la Audiencia Provincial de Córdoba nos hace reflexionar sobre el deber que implica tener un hijo, pues también es una obligación cuidarlo cuando existen circunstancias excepcionales que así lo requieren», subraya Azaustre.

Pero tan importantes como dictar sentencias es hacerlas cumplir. El padre de Martín, por ejemplo, ya se ha desmarcado de la sentencia que le obliga a pasar un fin de semana alterno con su hijo, asegurando que no tiene condiciones en su casa para atender al niño. «El menor no tiene sitio donde pernoctar en el domicilio del padre, por lo cual necesitaría acondicionar una cama plegable de la que carece», argumenta en el burofax en el que comunicaba a Sofía que el fin de semana del 9, 10 y 11 de febrero, el primero que le correspondía pasar con Martín, no iba a poder estar junto a su hijo.